Uncategorized

#bethechangeuif

We have recently completed the seventh year of the Backpack Project and it was a great success.  What made this year all the more special was the group of dedicated students in Cusco, Peru and from the University of San Diego who partnered together to make a difference in the lives of 70 children in Pillao Matao.

Watched the video below to see how they made a huge difference and we encourage you to #bethechangeuif and consider volunteering with your group in 2018:

Testimonial from one of the participant from the University of San Diego:

Bien dice el letrero cerca del Monumento a Pachacuteq, Sonqoykuwanmi Chaskiykiku. Hoy más que nunca para mí esto es cierto: la comunidad cusqueña y peruana realmente te recibe con el corazón. Bien podría describir las excursiones que hicimos a Qenqo, Saqsaywaman, Tambomachay, Puka Pukara, Pisaq, Ollantaytambo, Chinchero, Ccorao o hasta el majestuoso Machu Picchu, pero he decidido no enfocarme en esto. Aunque definitivamente estas excursiones hicieron de este viaje una experiencia inolvidable, lo que más me impactó fue la última semana que estuvimos en Cusco.

Parte de este viaje fue el de participar en el Proyecto Mochila, el cual es uno de los tres proyectos que organiza la Fundación Umbrella Initiatives. Esta fundación fue fundada en el 2010 por Yenny Delgado y su esposo Rob Clay Rivers. Es una organización no lucrativa. La meta de esta organización es la de empoderar a comunidades para así organizar proyectos que se enfoquen en avanzar mejores oportunidades educativas para niños y niñas que provienen de comunidades marginalizadas en el Perú. La organización promueve valores como justicia social, compromiso, solidaridad e igualdad. Y todo el voluntariado conduce dichos proyectos.

El Proyecto Mochila, en específico, provee una semana de actividades académicas creativas y divertidas para niños y niñas entre las edades de cuatro a quince años. También provee los materiales necesarios para fomentar la participación de todos los alumnos, refrigerio y los útiles básicos para empezar el nuevo año escolar. Sin embargo, cabe recalcar que esto no se les da a los niños por no tener los recursos socioeconómicos. Eso sería, según la Dra. Carol Dweck, una mente cerrada o fija. Sería un complejo de mesianismo y “misionerismo”. Por el contrario, estos útiles, junto con la mochila y el cuento escrito por Yenny, se les da a los niños por su esfuerzo, trabajo, entrega y su dedicación.

Con todo esto en mente, fue así como nosotros fuimos a impartir matemáticas a los niños y niñas de la escuela de Pillao Matao, localizada en la urbanización marginalizada de San Sebastián. Día con día, para la desgracia de algunos de mis compañeros, teníamos que levantarnos a las 6:00 de la mañana para salir de Casa C.O.R.A.Z.O.N a las 7:30 de la mañana, bajar el cerrito y caminar 15 minutos hacia la parada de Agua Buena, coger un convi llamado Correcaminos, recorrer la autopista para llegar a la parada del Grifo Santa Elena, y caminar una subida 10 minutos para así llegar a Pillao Matao a más tardar las 8:00 de la mañana para impartir origami. Claro, hubo un grupo de compañeros que se quejaron. ¿Cómo podían quejarse de caminar un poco cuando había niños que se levantaban desde las 4:00 de la mañana para recorrer un camino de 3 horas? Bien dicen en Perú, “como uno no nace en cuna de oro…”. Privilegio. White tears.

A mí me tocó trabajar con Madison. Juntos elaboramos un plan de clase que cubriera la secuencia Fibonacci y origami. Decidimos que era necesario utilizar cuyes para así crear un vínculo más personal con los estudiantes ya que muchos de ellos crian cuyes en casa (Aquí está nuestro plan de clase). En mi opinión, la clase superó nuestras expectativas.

Sin embargo, ahora que lo pienso, tal vez hubiese sido mejor utilizar matemática quechua. Tal vez fue un poco de violencia epistémica el impartir sobre Fibonacci, un europeo, y cómo “fundó” la secuencia Fibonacci. Hay evidencia de que la yupana (calculadora/ábaco quechua) estaba tanto en raíz 10 como a base de lo que ahora llamamos los números Fibonacci (1,1,2,3,5,8,13,21,34,55,89,144,233,377,610, 987,…). Tal vez hubiese sido mejor enseñar matemáticas quechua. No lo sé.

Aún con estas preguntas y dudas en mente, fue una experiencia enriquecedora, y bastante fuerte. Al clausurar el programa aquel viernes, confieso que me la pasé llorando todo el día. Lloré al ver cómo Fran, Eberth, Jhon, Luz María, Rubí, Ester, Laura, Delia, Delfina, Beatriz y Yessica se desenvolvían al actuar su obra de teatro. Una obra titulada la “La princesa sapo”. Lloré al ver cómo alzaban su voz, algo con que batallaban. Vi cómo se les quitaba aquella timidez que tenían Ester y Fran al tener que actuar la escena donde el príncipe besa a la princesa sapo para romper el hechizo. Fue una linda historia donde los estudiantes trabajaron en equipo para desenvolver su creatividad y liderazgo. Hasta se ayudaron los unos a los otros para hacerse sus vestuarios.

Al entregarles las mochilas, lloré cuando me preguntaron si me irían a ver la próxima semana. Lloré cuando Laura me agradeció por enseñarle el trenecito de sílaba. Ya nunca más se reirían de su ortografía. Fue tan fácil encariñarme de ellos.

María Elena, la coordinadora de Pillao Matao, nos entregó una cartita que dice Tupananchiskama: Hasta pronto. María Elena nos extendió la invitación para regresar a Pillao Matao. Lo único que pude pensar fue en ¿cuándo es el pronto? Qué difícil es decir adiós aquellas sonrisas, aquellas amistades, aquella familia que ahora forma parte de la mía. Dicen que el decir adiós duele más que un “hasta pronto” pero ya ni estoy tan seguro de eso. Ambas son nudos mudos en la garganta. Inexplicablemente, Tupananchiskama es más que simple añoranza o ansiedad de regresar al pasado para poder quedarse en aquel presente, es un nudo mudo, indescifrable: muitos saudades.

Los niños y niñas de Pillao Matao son el futuro de su país, de su comunidad. Son niños y niñas que quieren ser doctores, ingenieras, científicos, veterinarios y abogadas. Son niños y niñas que tienen el derecho a una mejor educación que fomente aún más sus ganas de aprender para poder ayudar a sus respectivas comunidades. Son niños y niñas con sueños grandes, como bien dijo Yenny en una entrevista que se le hizo acerca de “Las aventuras de Paloma por el Perú”.

Proyecto Mochila es una maravilloso proyecto. Es un proyecto lleno de comunidad, compromiso y solidaridad. Sobre todo, el Proyecto Mochila es esperanza pura. Yo no cambiaría nada este proyecto. No sé si me dará de nuevo la oportunidad de formar parte de su voluntariado pero espero que sí.

Le doy vueltas y vueltas a la cabeza y llego a la conclusión que fue y sigue siendo difícil decir Tupananchiskama hasta cuando escribo esta reflexión, encadenado por la hebilla de mi asiento.